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Estas son las películas comentadas
por maggiesfarm, ordenadas de acuerdo a las estrellas con que las clasificó, de más estrellas a menos.
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Crash (2005)
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Un choque violento 03-04-2006 Yo sabía que los gringos estaban locos. Pero nunca tanto. Si yo fuera negro o fuera turco o chino -que, de hecho, lo soy- y viera esta película no iría ni disfrazado a Los Angeles-California. Pero probablemente la película exagera, y no lo hace porque sí. No había, supongo, otra manera de contar el cuento que situarse en una ciudad donde la vida acelerada, cargada de prejuicios, estigmas, odios, miedos y deseos frustrados hace que la gente -lo dice uno de los protagonistas al principio- pase por el lado sin mirarse, sin tocarse y sin reconocerse. Y la única manera en que finalmente se produce el encuentro es a través de un choque violentísimo en que una de los dos partes -o las dos, a fin de cuentas- saldrá gravemente lesionada.
Este camino de la violencia parece ser la única vía posible en una sociedad que les impide el paso a amar y, sin embargo, al final de éste, para los que logren sobrevivir, los espera la redención última
de volver a sus orígenes, de sacarse toda la mierda de encima, de arrepentirse en el último momento de disparar la bala, de mirar con asombro y tristeza la cantidad de colisiones que ha quedado en el camino y ayudar a salvar a los heridos.
Sin duda es un filme alentador, aún cuando existen momentos en que se te aprieta la garganta de la angustia, el mensaje final es que no es imposible dejar la carretera e irse a pie.
Actuaciones muy buenas, diálogos que no están mal y un extraño talento del director para dejarte en suspenso durante toda la película.
Lo único criticable podría ser la excesiva recurrencia a lugares tan archicomunes que al final terminan por hacer poco creíbles algunas partes, sumándose a ésto que nadie puede llegar a creer que los gringos sean tan pero tan enfermos. Y sin embargo, esos lugares comunes que por lo general -cuando se imponen con cierto tacto- son los que nos hacen llorar, logran quizá recordarnos que nuestra capacidad para emocionarnos es más básica de lo que pretendemos.
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