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La Flauta Mágica
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Película mágica 31-01-2011 Esta versión cinematográfica de Bergman de la ópera La Flauta Mágica de Mozart, remece como séptimo arte y como puñetazo espiritual emanado de uno de los más grandes músicos. La ví en un cine hace unos 32 años, y aunque no la comprendí, intuí su mensaje profundamente humano, fraterno, idealista, esperanzador en la capacidad de superarnos valóricamente si empeñamos un grande y sincero esfuerzo. El filme permite simplemente disfrutar una hermosa fantasía musical mística, en ópera y diálogos en realidad creación músical de Mozart y libretos de Schikaneder-, o bien atisbar un simbolismo iniciático, tomado en gran parte de la Masonería (institución filosófica-espiritual nacida en el Siglo XVIII, el de las Luces y de la Ilustración, a la que pertenecían los autores en Viena) y del acervo religioso de la humanidad explorado eclécticamente (tomando lo mejor en cada caso). La Reina de la Noche es el oscurantismo (el mal, la ignorancia, el fanatismo, la intolerancia) y se contrapone a Sarastro y su entidad fraternal que buscan y distribuyen entre quienes tienen condiciones, el ansia por la Luz (el bien, la razón, el conocimiento superior y una espiritualidad lograda por la propia voluntad y fuerza). Tamino es la representación del hombre idealista en búsqueda de eso y más, integrando al amor humano en todo sentido, expresado en el afecto por Pamina, que más que una mujer, representa todo lo bello y sublime que debe definir y adornar la sociedad. Papageno, encantador y sabio en su aparente simpleza, también muestra que en la vida igualmente existe un ámbito más terreno, más pragmático, pero capaz a la vez de proporcionar una parte de la felicidad y de la realización que, en su caso, eclosiona en una simbiosis con Papagena. Monostatos, lascivo y traicionero-, es como una síntesis de la inconsecuencia y el propio enemigo presente en la propia conciencia y espíritu, ya que inicialmente es cercano a Sarastro hasta el momento en que este sumo sacerdote fraternal lo descubre en sus intenciones.
En lo audiovisual Bergman se da el gusto de adornar con florituras fílmicas, como la alternación de rostros distintos y universales en primeros planos, durante la Obertura; mientras que en el intermedio, introduce algunos planos festivos congruentes con la gracia y fantasía de la historia de La Flauta Mágica. Tengo, además, la impresión de que se preocupó de una representación de la obra lo más parecida a su puesta en escena original a fines del siglo XVIII, poco tiempo antes de la muerte de Mozart.
Se puede ver esta película varias veces y en cada una se descubrirán nuevos detalles de las alegorías y se nos develarán significados que anteriormente no habíamos advertido.
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