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En Busca de la Felicidad
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Lo podemos lograr 18-02-2007 A muchos podría no entusiasmarle la idea de ir a ver un drama de superación ambientado en la época de la última gran depresión gringa, porque ya sabemos que el príncipe del rap lo va a poder lograr. Pero bueno, qué tanto. También sabíamos más o menos cómo terminaba Titanic, e igual la fuimos a ver. El cine basado en hechos reales, prácticamente por definición, no está sustentado en la sorpresa. Sin embargo, puede ser buen cine igual. En estos casos, lo que más nos conviene pedir como espectadores es que el argumento sirva de marco para mostrar con una mirada amplia y lo suficientemente imparcial la realidad social que se he elegido, y que el o los personajes representativos de esta contingencia sean creíbles y queribles. Pues bien, esas condiciones aquí se cumplen, y con creces, gracias a las enormes actuaciones de Will Smith y su cabro chico.
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Se Arrienda
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Buena intención, mucha explicación 25-03-2006 En los días en que Se Arrienda fue estrenada, Fuguet habló de ella mucho, quizá demasiado. Habló por ejemplo de la gran idea que lo movió argumentalmente, su mensaje, digamos: no debemos vendernos, pero a veces tendremos que arrendarnos.
Creo que es bien fome que a uno le expliquen las cosas así tan toscamente. Y es que Fuguet con su primera película es un explicador empedernido. Tal vez su particular error aquí fue el temor de no darse a entender, porque se le pasó la mano hacia el otro lado, volviéndose sobrenarrativo.
Ahora bien, eso no ocurre tanto en la historia de Gastón, este músico consecuente y loser que Cruz Coke nos supo hacer querible, ni en el desarrollo de esta historia, con personajes que poco a poco se nos van haciendo menos maquetas, más creíbles, más contradictorios (el personaje de Felipe Braun, por ejemplo, termina superando ampliamente el arquetipo del artista vendido).
El problema está en cómo el argumento se resuelve. Cuando andamos aproblemados, puede que nos sirva que nos digan que otros están peor. Pero es simplón, infantil incluso, por más que una escena densa, con un plano pegado de diez minutos, nos quiera complejizar el panorama.
Pero hay que verla. Y a los cineastas chilenos dedicados, amorosos en su oficio, hay que darles todas las oportunidades que sean necesarias y empezar a mirarlos sin la suspicacia fácil de siempre.
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