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Estas son las películas comentadas
por FF, ordenadas de acuerdo a las estrellas con que las clasificó, de más estrellas a menos.
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Las Reglas del Juego
TE
Obra maestra, imprescindible 30-10-2001 ¿Qué más puede decirse de esta película que disputa con Citizen Kane el título de mejor película de la historia? Jean Renoir construye un fresco memorable de las relaciones humanas con todas sus complejidades y dobleces, sin caer en estridencias ni panfletos y con buenas dosis de fino humor. Jean Renoir, hijo del gran pintor impresionista Auguste, pone en evidencia su gran maestría plástica tanto en la bella composición de cada plano como en su habilidad para caracterizar cada personaje con unos pocos trazos. Es una película llevada con gran maestría narrativa, redonda, llena de reflejos y sugerencias, y, a pesar de su antigüedad, mantiene una asombrosa actualidad. Lamentablemente la copia no está en óptimas condiciones, muy contrastada y con poca definición. También hay problemas con los subtítulos, que aparte de ralos (resumen los diálogos a pocas frases) a ratos se descoordinan del sonido y la imagen, exigiendo un esfuerzo extra para descifrar los diálogos.
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El Triunfo de la Voluntad
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Arte y política 27-07-2002 Película clave para entender el proceso nazi en Alemania y para reflexionar sobre el rol ideológico del arte. Escenas memorables, filmadas con maestría técnica y gran sensibilidad estética, inauguran el marketing político contemporáneo. 'Puede ser algo bueno tener el poder por medio de las armas, pero mucho mejor es ganarse el corazón del pueblo´, nos dice agudamente J. Goebbles. La seducción del pueblo, el populismo, he ahí lo siniestro. Los alemanes fueron seducidos por la idea de trabajar por un proyecto colectivo, la grandeza de la nación y de la raza, idea que funciona como un poderoso piso de sentido alienante para la vida del hombre común.
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Crimen a Medianoche
TE
... 27-07-2002 Quizás sea la mejor película del año, al menos si nos atenemos a los formalismos y códigos del cine más clásico. No puedo dejar de ver un paralelo directo con La Regla del Juego de Jean Renoir. Las similitudes son evidentes, e incluso hay personajes y escenas copiados en forma literal. Sin embargo, a pesar de la cita a esta obra maestra del cine francés, Altman se toma la libertad de duplicar el juego: mientras que la película de Renoir se centra exclusivamente en las relaciones de un grupo de aristócratas y burgueses, en la de Altman las relaciones aparecen duplicadas por la servidumbre. Cada invitado dispone de su valet, empleado personal que se encarga de su cuidado y atención. De este modo la trama se desdobla entre la servidumbre y los señores aristócratas. Irónicamente muestra cómo entre la servidumbre se repiten las mismas estructuras y códigos sociales que rigen el mundo de los señores. Es una vida duplicada en que los valets carecen de vida propia. La trama oficial de la película, que la sitúa en el género de los policiales ingleses, no es más que una excusa, el hilo que mantiene unido el fresco que retrata el complejo panorama social y juegos de poder en un palacete de la aristocracia inglesa. Por eso aquellos que esperen una a lo Sherlock Holmes o Agatha Christie se sentirán decepcionados y la encontrarán lenta y falta de sentido. El descubrir quién es el asesino deja de tener toda importancia.
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Secretos en Familia
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Menos dogma, más sustancia 27-07-2002 Es interesante ver esta nueva reelaboración del neorrealismo de Dogma. A pesar de mantener numerosas similitudes formales (video, estilo documental, crudeza, etc) es lo suficientemente osada como para afrontar una temática romántica y de redención -tan manoseada por el cine hollywoodense- sin perder el sentido de realidad cruda, desestetizada, de otras películas de Dogma. Evita caer en excesos truculentos y efectistas (Los Idiotas, La Celebración) al tratar realidades complejas y marginales. Quizás la película de más bajo perfil que he visto de Dogma, pero que termina siendo quizás una de las producciones más sólidas y humanas. Tal vez y a pesar de todo, las reglas estén ahí para romperlas.
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Vengar la Sangre
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Lo que quedó de la (nueva) ola 27-07-2002 Quizás influya mi admiración por Terence Stamp o también un cierto fetichismo por los años sesenta, pero realmente se trata de una película notable. Nuevamente nos encontramos frente a una película que aparenta ser de acción, pero que tiene que ver mucho más con el tópico de la redención. Se regodea una y otra vez con el tema de los años sesenta desde varios flancos: el montaje experimental y la narración no lineal, la autorreferencia y autorreflexión (cine sobre cine), la salida del marco (personajes que terminan interpretándose a ellos mismos), todos elementos muy presentes en el cine vanguardista de los sesenta. Basta recordar los referentes directos de los actores protagonistas, ambos íconos de esa época: Stamp con Blow Up de Antonioni (N. del E.: Stamp no actúa en Blow Up) y Fonda con la mítica Busco mi Destino, ícono de toda la estética del hippismo californiano. Uno no puede dejar de ver un poco a estos personajes interpretándose a ellos mismos. Por ejemplo, el Fonda decadente y millonario que vive de explotar su pasado 'rebelde'. Esta idea se acentúa más cuando sabemos que el personaje principal está tomado de una clásica película inglesa, de los '60 claro, protagonizada por el mismo Stamp (de esa película provienen gran parte de los flashbacks más antiguos), que es retomado 30 años después. Me queda la sensación de que Soderbergh se quiso dar un gusto personal con este experimento formal, de actuaciones muy sólidas y visualmente muy atractivo. Para fanáticos de Stamp o el cine de los sesenta es imperdible. Para quien desee una película de acción a secas (léase evasión y entretención) que busque en otro lado.
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Pi, Fe en el Caos
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¡Maldito pretencioso! 27-07-2002 Bueno ya, okey, sí, es buena. Vale la pena verla. Sí, Aronofsky es un maldito talentoso. El blanco y negro, espectacular, el montaje sublime. Hasta aquí, no hay problema. Hiperestetizada, como propuesta visual es lo más rescatable. El toyo es sólo eso. Un buen toyo que da una razón de ser a la imagen, la verdadera protagonista de la película. No es más que un onanismo mental hiperpretencioso, que cualquiera que sepa un poco de matemática, filosofía o la cábala judía (la taquilla intelectual del momento) sabrá identificar perfectamente. Son preguntas e inquietudes que crean una suerte de punto de fuga del pensamiento, insolubles en sí mismas. El problema es cómo es utilizada en la película para crear un falso efecto de profundidad, cuando es pura superficie estética (lo que no tiene nada de malo). Cuando la trama empieza a adquirir ribetes policiales pierde mucha fuerza y se vuelve a ratos ridícula y risible. Como opera prima es impresionante, pero no es más que eso: un buen ejercicio plástico y formal, un buen examen de grado.
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Réquiem por un Sueño
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Si no fuera tan pretenciosa, efectista y moralista sería un buen videoclip 27-07-2002 Aronofsky da otra vuelta de tuerca a sus temáticas obsesivas, montajes asfixiantes y reiterativos e imágenes atractivas e hiperestetizadas. Lo que encuentro más logrado en la película es la forma que tiene de reproducir el patrón repetitivo y en espiral de la adicción a través de un montaje, valga la redundancia, repetitivo y asfixiante. De alguna forma es capaz de hacerte sentir la paulatina pérdida de sentido y el círculo vicioso de la adicción. Los problemas empiezan a aparecer con la vocación efectista y esteticista de Darren, que convierte la película en un verdadero videoclip de la adicción. Estetiza y hace visualmente atractiva (colores saturados, montaje taquilla, protagonistas salidos de un aviso de la Vogue) una realidad terrible y patética como es la adicción a esos niveles tan extremos, al mismo tiempo que busca producir un efecto de shock por lo repulsivo, decadente y asfixiante, asumiendo una postura moralista. Nada hay de humanos en los personajes que se hunden y se repiten mecánicamente como máquinas en sus obsesiones, un poco como el protagonista de Pi. Ni un asomo o atisbo de redención, están condenados desde los créditos iniciales. No hay evolución de personajes, desarrollo, aprendizajes, cambios. Sus vidas se reducen a un sistema binario, droga o privación de ella. Aunque haya en la realidad casos desesperados como estos, el tufillo a denuncia y aprovechamiento efectista del tema, a un tratamiento exclusivamente estético y superficial lo convierten en un panfleto, en un clip de campaña gubernamental. No hay reflexión, no hay diálogo, no hay distancia, no hay redención. Colores altamente constrastados y saturados, iteran estéticamente una moral de blanco y negro, sin grises, sin puntos medios, sin la posibilidad de tomar las riendas de la propia vida. Ve la vida humana guiada y regida por adicciones y obsesiones ante las cuales nada podemos hacer, es una visión fatalista, sin libertad, muy a tono con la fatalidad de la cábala judía, siguiendo con la idea de Pi de encontrar el patrón que rige nuestras vidas (la obsesión), contra el cual nada podemos y sin el cual nada somos.
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