Este es un libro solidario y fraterno con todos los desilusionados de la política añeja, del gremialismo trasnochado, de las dirigencias deportivas improvisadas y de los comunicadores de utilería que suelen emerger en la esmirriada farándula chilena. Muchos vivirán su lectura como un verdadero acto de venganza. Podrán disfrutarla con un goce morboso, en la seguridad de encontrar muchas risas entre líneas, sea por la rara mezcla de idioma culto, grosero y risueño que emplea el autor, o por lo divertido que resulta descubrir los trucos de la demagogia que funciona en buena parte de nuestra vida cívica. Pero no se piense que este es un mero libreto humorista, pues su trasfondo es ácido y provocador, tanto que su autor lo define como anarco-humorismo, arguyendo que así como el anarquista tradicional busca destruir a la autoridad por la violencia, el anarco-humorista busca destruir a la mala autoridad con el arma poderosa de la carcajada. También agrega un estilo de relato que bautiza como humor furioso, una manera nueva de mirar la figuración pública de políticos, dirigentes y opinólogos. un recurso que surge con insospechada peligrosidad para castigar la demagogia, la deshonestidad o la ignorancia, si ellas se usan en contra de la gente buena que ve la tele, de los hinchas que llevan al club en el alma, del trabajador que se suma a la lucha de su gremio o del elector que deposita en el voto sus sueños de un país mejor.