La prisionera, quinto volumen de la obra magna de Proust, es una de las novelas más ambiciosas que se han escrito sobre la obsesión amorosa. El narrador prosigue su relación con Albertine, a quien recluye en su casa de París para alejarla de las tentaciones lésbicas, al tiempo que desarrolla su particular teoría sobre los celos, el placer sexual, los remordimientos y toda la gama de sentimientos encontrados que produce en el ser humano el ejercicio del amor. Además, Proust insiste en sus digresiones en torno al arte, como la famosa disquisición engendrada a partir de la muerte del escritor Bergotte y de un cuadro de Vermeer, Vista de Delft, imagen que contribuye a crear algunas de las páginas más hondas, emocionadas y turbadoras que sobre la pulsión creativa se hayan escrito jamás.