Bien por miedo, soberbia, o por fe, el hombre siempre ha intentado sobrevivir a la muerte. La idea de una existencia tras ese paso trascendental se ha visto
reflejada, de alguna manera, en todas las creencias religiosas profesadas desde la más remota antigüedad.
De un modo u otro siempre se ha pensado que el alma pasaba a otro plano de existencia para continuar su camino. Pero la continuidad física del cuerpo siempre ha representado un problema de mayores proporciones, surgiendo, en algún momento de la historia, la idea de
conservarlo artificialmente para que se mantuviera ¿en vida¿, evitando el proceso de putrefacción de los tejidos.
Y así surgió, como un modo de combatir a la muerte, la momificación, un proceso que aún hoy continúa
constituyendo uno de los grandes enigmas del hombre.
Desde las momias del Antiguo Egipto hasta las grandes y pretéritas civilizaciones del continente americano,
pasando por las catacumbas italianas, las turberas del norte de Europa, las momias guanches de las Islas Canarias o las enigmáticas momias de hombres blancos en China, evidencian que en el pasado hubo quizá ¿demasiada¿ preocupación por alcanzar la
inmortalidad¿ El enigma de las Momias ofrece la oportunidad de bucear en el misterioso mundo ancestral con datos históricos y científicos, introduciéndonos en el acto mágico más importante del hombre: tratar de eludir
el instante final.