Durante
todo el XVIII hubo un intenso debate literario, en broma y en serio, sobre la
condición de la mujer, sobre el sentido del matrimonio y sobre la reforma de
las costumbres que los cada vez más pronunciados cambios sociales estaban
llevando a la vida familiar y conyugal. La guerra de los sexos hizo correr
ríos de tinta, y no lo ha dejado de hacer desde entonces; parece un tema
inagotable para la vena cómica de los creadores y del público. Ese es el
contexto en que Vargas Ponce concibió su Proclama de un solterón a las que
aspiren a su mano, publicada en 1808 ¿y refundida y mejorada por su autor¿ en
una edición de 1830, que no es meramente una pieza misógina, sino también una
reflexión sobre el matrimonio. En su estructura, la Proclama es, como en cierta
ocasión lo denomina el autor, una oposición a la plaza de esposa del burlón
poeta. A dicho reclamo acude un tropel de mujeres dispuestas a aceptar su
mano; sin embargo, no estando dispuesto a rendirse sin condiciones, el autor
expone los duros requisitos que habrá de reunir la que se quiera casar con
él.